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30 de septiembre de 2013

¿Cuáles son los 10 olores básicos que reconoce el olfato?


Nariz

Según el estudio, hay solo dos categorías de olores nauseabundos: podrido y acre.

Diez categorías agrupan los miles de aromas que podemos percibir con el olfato.

Eso al menos es lo que afirman los científicos estadounidenses responsables de un estudio científico publicado en la revista especializada PLOS One.
Jason Castro, de la Universidad de Bates, y Chakra Chennubhotla, de la Universidad de Pittsburgh, utilizaron una técnica computarizada para desgranar olores hasta su esencia más básica.

Y para ello realizaron un análisis estadísitico y matemático de una base de datos de descripciones olfativas.

Tras analizar 144 olores, llegaron a la conclusión de que las percepciones olfativas pueden clasificarse en diez categorías mínimas:
  • Fragante o floral
  • Leñoso o resinoso
  • Frutal (no cítrico)
  • Químico
  • Mentolado o refrescante
  • Dulce
  • Quemado o ahumado (como las palomitas de maíz)
  • Cítrico
  • Podrido
  • Acre o rancio

Una mezcla compleja

"Tenemos estas 10 categorías porque reflejan características importantes sobre lo que hay en el mundo: peligro, alimento, etc.", explica Castro.
"Tenemos estas 10 categorías porque reflejan características importantes sobre lo que hay en el mundo: peligro, alimento, etc."

Jason Castro, investigador de la Universidad de Bates, Estados Unidos

"Si conoces estas categorías, puedes comenzar a pensar en construir olores".

"No hemos resuelto el problema que supone predecir un olor en base a su estructura química, pero esperamos lograrlo", agrega el investigador.

Según Castro, sería interesante comenzar a probar la teoría con aromas más complejos, como perfumes y otros olores cotidianos.

En realidad, dice, es probable que cualquier olor natural sea una mezcla compleja, una combinación de las 10 diferentes categorías.

"En los años 50 un científico llamado John Amoore propuso una teoría que incluía siete categorías olfativas basadas en el tamaño y la forma molecular", cuenta el experto Tim Jacob, de la Universidad de Cardiff, en conversación con la BBC.

La teoría fue finalmente fue retirada "ante el regocijo de su rival R.W. Moncrieff, quien dijo que 'no tenía mucha evidencia sólida para sostenerla', por una serie de dificultades que se presentaron en el camino, pero estimuló muchas reflexiones útiles", según explicó el científico.

"Estoy seguro", dice Jacob, "que el estudio de Castro propiciará muchas ideas útiles".

Fuente:

BBC Ciencia

20 de septiembre de 2012

¿Qué tiene de malo meterse el dedo en la nariz?

hurgar-narizRinotilexomanía es el nombre que recibe la desagradable costumbre de hurgarse compulsivamente la nariz. Aunque según un estudio llevado a cabo en Wisconsin (EE UU) hace algunos años, esta modalidad de trastorno obsesivo compulsivo solo afecta a un 1% de la población, que normalmente acaba dañándose la mucosa nasal, el resto de los seres humanos también lo hacemos ocasionalmente. Más del 90 % de los encuestados por los investigadores de Wisconsin confesaron que introducían de vez en cuando el dedo en la nariz, sobre todo en la oficina y en el coche (por sentirse menos observados). Y un estudio posterior realizado en Reino Unido sugería que un tercio de la población practica este hábito más de 5 veces al día.

La cuestión clave es: ¿se trata de una práctica buena o mala para la salud? Según el médico austríaco Friedrich Bischinger, especialista en salud pulmonar, los dedos son mejores que los pañuelos y ayudan a mantener la nariz más limpia. Sin embargo, otro estudio holandés dirigido por el microbiólogo Heiman Wertheim indica que al hurgarnos la nariz introducimos en las fosas nasales una bacteria, Staphylococcurs aureus, lo que nos convierte en portadores nasales del patógeno. Este microbio provoca desde afecciones superficiales de la piel hasta patologías severas como neumonías, meningitis, intoxicaciones alimentarias, shock séptico y desórdenes autoinmunes.

Y además…
 Fuente:

20 de octubre de 2011

Rocía tu nariz con un poco de oxitocina para favorecer la economía


Hacer negocios con alguien, sobre todo si ese alguien es un desconocido, siempre tiene sus riesgos. Debemos depositar la confianza en alguien que, en el fondo, sólo persigue el máximo beneficio individual. Y la cuestión es que nosotros también buscamos lo mismo.

Así que la economía, concretamente la transacciones económicas, son una de las mayores fuentes de fricción social, pero también uno de los mayores alicientes para socializar, derribar prejuicios, romper barreras, aprender lenguas, etc.

El mayor engrasador de las relaciones es la oxitocina, así que la oxitocina tiene un papel muy importante en la economía. Un simple acto de generosidad financiera, por ejemplo, tal y como ocurre con una sonrisa o un pequeño gesto de deferencia, puede ocasionar la secreción de hormona oxitocina en el cerebro del receptor, y la oxitocina es la química que la evolución usa para hacer que los mamíferos se sientan bien entre ellos.

Funciona también en sentido contrario, tal y como apunta Matt Ridley:

Rociar oxitocina en las narices de estudiantes causará que confíen su dinero a extraños más fácilmente que aquellos que reciben un rocío de placebo. “La oxitocina es la firma fisiológica de la simpatía”, dice el neuroeconomista Paul Zak, quien conduce los experimentos, “y parece inducir un apego temporal a los otros.

Zak, en 2004, junto con Ernst Fehr, fue el responsable de uno de los experimentos más curiosos de la historia de la economía. Para llevarlo a cabo, usaron a 194 estudiantes varones de Zúrich (el experimento no puede hacerse con mujeres, no porque Zak sea un machista redomado, sino porque si la mujer está embarazada sin saberlo, la oxitocina podría inducir al parto).

Zak sometió a los participantes varones a dos juegos diferentes. El primero se llamo el juego de la confianza, y consistía en lo siguiente:

un jugador llamado el inversor recibe doce unidades monetarias y se le dice que si las otorga a otro jugador, el fiduciario, esa cantidad será cuadruplicada por el experimentador. Así que si da sus doce unidades, el fiduciario recibirá 48. El fiduciario puede retribuir con alguna cantidad al inversor, pero no tiene obligación de hacerlo. Así que el inversor se arriesga a perder todo su dinero, pero si confía en la generosidad del fiduciario, podría tener una buena ganancia. La pregunta es: ¿cuánto dinero entregará el inversor? Los resultados fueron sorprendentes. Los inversores que fueron rociados con oxitocina en la nariz antes del experimento entregaron 17 % más dinero que los que fueron rociados con solución salina, y la transferencia media subió de ocho a diez unidades. Los inversores con oxitocina son más de dos veces más proclives a dar las doce unidades que los sujetos controles.

El segundo juego era idéntico al primero salvo por una cuestión: la generosidad de los fiduciarios era decidida aleatoriamente. Entonces la oxitocina no mostraba un efecto en los inversores. Es decir, que la oxitocina no es que nos invite al riesgo sino que aumenta específicamente la confianza. Algo que está bastante débil en la economía actual. ¿Quizá necesitemos un chute de oxitocina?

Si el progreso económico humano ha incluido un momento crucial en el que los seres humanos aprendieron a tratar con extraños como compañeros de comercio en vez de enemigos, la oxitocina tuvo sin lugar a dudas un papel fundamental.

Vía | El optimista racional de Matt Ridley

Fuente:

Xakata Ciencia

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