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6 de mayo de 2012

El creador de Twitter: "¿Twitter es rentable? No tengo por qué responder"

El amo de los 140 caracteres está a punto de ver cómo su red social se convierte en un imperio, comparable a Facebook y Google.


Jack Dorsey no es un 'geek' (un friqui de la tecnología) cualquiera. Cuando se presenta ante el entrevistador, luce un 'look' a la última. Mocasines, calcetines multicolor, jersey negro de cuello abierto y camisa de Dior con el cuello invertido de color azul pálido. A años luz del uniforne 'vaquero-zapatillas-camiseta negra de manga larga' que es la norma en Silicon Valley.

Habla poco, con una voz suave y pausada. Pero su ritmo es rápido. Jack Dorsey habla de la misma manera que tuitea: utilizando 140 caracteres, puntuados por 'yup' (sí) y 'no'. Tiene un aire juvenil y soñador que contrasta con su personaje de visionario inspirado que ejerce sus responsabilidades como empresario con mano de hierro.

A los 20 años se interesó por la botánica, los masajes, la moda... antes de volver a sus ordenadores. En 2006 trabajaba en una compañía informática al borde de ser devorada por Apple. Su jefe, Evan Williams, estaba enloquecido. Un día se dirige a su colaborador de aspecto grunge, con aro en la nariz y pendientes: «Jack, por favor, ¡encuentra una idea para que salgamos de esta!». Respuesta de Jack: un servicio que permite contar a quien queramos, en pocas líneas, dónde estamos y qué hacemos. Acababa de nacer Twitter.

La start-up está hoy a punto de convertirse en un imperio, comparable a Facebook y Google. En pocos meses abandonará sus anónimas oficinas de Folsom Street, en San Francisco, donde el jefe ocupa un cubículo sin ventana en una sala diáfana de la sexta planta... Twitter se muda a un edificio art déco, en plena reforma, en Market Street. El lugar es 10 veces más grande, para poder alojar a todos sus empleados -700 en la actualidad-, que deberían duplicarse este año.

Nos recibe un jueves, «el día de la semana que dedico a las relaciones externas. Aprovecho para salir del despacho». Su vida cotidiana está extremadamente organizada: cada día lo dedica a un tema. Nació hace 35 años en Saint Louis, Misuri, y siempre ha convertido su vida en un prototipo, siempre ha sometido su universo a una cuadrícula. «Simplifico la complejidad», afirma.

¿Cómo se le ocurrió la idea de Twitter?
Jack Dorsey. Mi padre era ingeniero. En 1984, cuando yo tenía ocho años, trajo a casa un ordenador, un Macintosh que acababa de salir al mercado, y después un PC Junior de IBM. Me fascinaban las ciudades, su movimiento, la animación que albergan. Coleccionaba planes de urbanismo en mi habitación infantil. Y cuando los miraba, me preguntaba: «¿Qué estará pasando en esa glorieta, en ese parque?». Creé programas informáticos que pudieran darme la respuesta. Contribuyeron a crear Twitter años más tarde.

¿De dónde le viene esa pasión por los ordenadores?
J.D. Tuve la suerte de crecer en Saint Louis, en Misuri, donde son legión los pequeños genios de la informática. Era fácil encontrar medios para desarrollar esos programas. Siempre había alguien dispuesto a ayudarme. Mis padres me apoyaron mucho.

¿Con qué soñaba?
J.D. Me fascinaban los trenes, me pasaba el tiempo filmándolos... Y luego buscaba a dónde iban, y construía un modelo con toda esa información en mi ordenador. Siempre quise crecer muy rápido. Con ocho años, me hice mi primera tarjeta de visita: «Jack Dorsey, consultor». No sabía lo que quería decir, pero me parecía cool. Evidentemente, nadie me tomaba en serio...

Antes de fundar Twitter, tocó un montón de teclas...
J.D. Me gusta la diversidad. Primero, me apasionó la botánica, porque me encantaban las flores. Me interesé por los masajes por una cuestión de orden práctico: las muñecas me mataban, a fuerza de pasarme horas tecleando en los ordenadores. Tenía que cuidarme. Los masajes me permitieron descubrir las formas y el funcionamiento del cuerpo humano, comparable a un programa informático, pero más complejo.

También quiso dedicarse a la moda...
J.D. Siempre me fascinó la estética, un poco como a Steve Jobs, al que lamento no haber conocido nunca. La belleza me inspira. Mire a Einstein: no era el hombre mejor vestido de la Tierra, pero sus fórmulas matemáticas eran de una belleza excepcional. Todo depende de dónde se ponga el cursor.

Dicen de usted que es un asceta que vive de manera austera, en un loft minimalista cerca de su despacho. 
¿Coge vacaciones alguna vez?
J.D. No, descanso los sábados... y punto. Veo a mis amigos, bebo vino, sobre todo champán, que me encanta. Hago carreras de marcha. Con eso me basta. El resto de la semana, domingos incluidos, trabajo 16 horas al día.

¿Cómo se le ocurren las ideas?
J.D. Camino muchísimo. Por la mañana, cuando me levanto, sobre todo.

¿Por qué limitó los tweets a 140 caracteres?
J.D. Cuando creé Twitter, los teléfonos móviles menos sofisticados permitían escribir SMS de 160 signos, no más, porque había que dejar un poco de espacio para escribir el nombre de los usuarios. Por eso limité los textos a 140 caracteres.

¿Cómo son sus jornadas?
J.D. Me levanto a las cinco y media de la mañana e intento volver a casa a las 10 de la noche. Mis jornadas empiezan siempre con un SMS que le envío a mi madre. Vive en Saint Louis y, por la diferencia horaria, ella amanece antes que yo. Generalmente, cuando me levanto, ella ya ha tuiteado sobre sus actividades cotidianas, por lo que siempre estoy al tanto de lo que hace.

¿Tienen una relación muy estrecha?
J.D. Sí, y con mi familia en general. Con mi madre hablo por teléfono una vez al mes. Pero como tuitea igual que yo todos los días, cuando hablo con ella, estoy al corriente de todo. Eso me permite tener conversaciones más profundas con ella.

Twitter jugó un papel muy importante en la 'primavera árabe' sobre todo. Los manifestantes lo utilizaron para derrocar dictaduras. ¿Se siente orgulloso?
J.D. Twitter es como la electricidad: uno puede utilizarlo como quiera. Todo el mundo lo emplea: las celebrities, las personas anónimas; y por todo tipo de razones: médicas, educativas, personales... políticas también. Nunca había sucedido antes. Twitter favorece la democracia directa. Es una revolución social y cultural que acerca a los ciudadanos al poder.

Viajó usted recientemente a París...
J.D. París es mi ciudad preferida. Voy varias veces al año, desde que me lo puedo permitir. En esta ocasión, me entrevisté con los candidatos a las elecciones presidenciales. Las elecciones son siempre momentos muy importantes para Twitter. El tráfico estalla. Lo constatamos en 2008 en Estados Unidos. Fue en ese momento cuando Twitter despegó de verdad. Hoy tenemos grandes ambiciones de desarrollo fuera de Estados Unidos. Twitter se adapta perfectamente a los debates que les entusiasman a los franceses...

Se dice que Mark Zuckerberg [el fundador de Facebook] sueña con comprarle la empresa...
J.D. Conozco a Mark. Estamos en contacto. Pero Twitter no está en venta. Desarrollo el negocio, es lo único que importa.

¿Twitter es rentable?
J.D. No tenemos por qué responder a ese tipo de preguntas, no cotizamos en Bolsa. Y si estuviera obsesionado por la salida a Bolsa, sería muy triste. Ni siquiera pienso en ello. Para mí, la Bolsa es simplemente un medio para obtener fondos para desarrollarnos; nada más.

Se ha convertido en un hombre muy rico. ¿Su vida ha cambiado?
J.D. No. El dinero me importa poco. No tengo un barco lujoso. Conozco a más gente. Pero permanezco concentrado en los mismos puntos de interés.

¿Qué le hace esforzarse, en el fondo?
J.D. Todos nos hacemos las mismas preguntas: «¿Qué hago en este mundo?, ¿para qué sirve mi vida?». Mi respuesta es: crear. Mi pasión es inventar soluciones. Si el producto gusta, entonces me rodeo de gente para desarrollarlo. Como hay que pagarles un sueldo, entonces creo una empresa. Y, créame, ¡soy muy feliz así!

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