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12 de noviembre de 2018

La agricultura intensiva es tan sostenible como la ecológica

La agricultura intensiva usa menos tierra y genera menos emisiones por kilogramo que los sistemas tradicionales u orgánicos.

El cultivo de arroz es muy intensivo en agua y fertilizantes, ya sean químicos u orgánicos.

La agricultura, la producción de alimentos para los humanos, es la principal amenaza para la vida del planeta. La producción agrícola y ganadera para alimentar a los 7.550 millones de personas ocupa ya el 43% de la tierra disponible (sin contar desiertos y regiones heladas). El porcentaje tendrá que aumentar para poder atender a los otros 2.500 millones que se sumarán para 2050. Pero si lo hace con sistemas de producción tradicionales o los llamados ecológicos, que rinden menos, no habrá espacio libre para la biodiversidad. Un amplio estudio sugiere que la agricultura intensiva puede ser la respuesta a este dilema.

Revisando centenares de trabajos previos y entrevistando a decenas de expertos, una treintena de investigadores ha determinado los costes ambientales de la producción de alimentos. Se han centrado en cuatro grandes sectores: el cultivo de trigo en Europa, la producción de carne de vacuno en América Latina, el arrozal asiático o el sector lácteo europeo. Para determinar su impacto relativo solo revisaron trabajos que compararan distintos sistemas de producción, desde los más intensivos y tecnificados hasta los más tradicionales y extensivos, pasando por distintas modalidades de producción orgánica. Los resultados los acaban de publicar en Nature Sustainability.

El trabajo cuestiona varias ideas muy extendidas, como que la llamada agricultura sostenible sea tan sostenible como se vende o que la intensiva sea tan dañina para el medio como se cree. Para determinarlo, la investigación comparó cuatro costes ambientales de la producción de alimentos: las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), uso de agua, filtración de nutrientes (nitrógeno y fósforo) y ocupación de tierra.

Aunque los autores del estudio reconocen que no hay muchas investigaciones que comparen rendimientos y externalidades entre distintos sistemas de producción, encontraron que muchos de los de alto rendimiento tienen un coste ecológico menor y, en especial, necesitan de menos tierra por unidad de producto. De esta manera, el presumible aumento de la producción de alimentos exigiría arrebatarle menos superficie al entorno natural con estos métodos de producción.

El artículo completo en: El País (España) 

19 de enero de 2016

Los icebergs gigantes fertilizan el mar y fijan CO2

El estudio de las imágenes por satélite tomadas entre 2003 y 2013 ofrece una sorpresa: los gigantescos pedazos de hielo que se desprenden de la Antártida contribuyen a fijar una parte importante del dióxido de carbono de la atmósfera.


Imágenes del Iceberg B-09B tomadas por el satélite Aqua en la Antártida - Foto NASA

Parece una paradoja, pero los pedazos de hielo que se desprenden de la Antártida como consecuencia del calentamiento global podrían estar contribuyendo a su vez a eliminar CO2 de la atmósfera. El equipo de Grant Bigg  ha analizado 175 imágenes tomadas desde el satélite entre 2003 y 2013 en los océanos del sur del planeta y los resultados indican un aumento de la producción de fitoplancton asociada a la presencia de los icebergs de más de 18 kilómetros que se separan del continente antártico.
Los icebergs contienen hierro y nutrientes que fertilizan el mar
"Hemos detectado un aumento sustancial de los niveles de clorofila, con un radio típico de entre 4 y 10 veces la longitud del iceberg", asegura Bigg. "Este nuevo análisis revela que los icebergs gigantes juegan un papel importante en el ciclo de carbono de los mares del sur". El estudio de las imágenes se basa en el análisis del color, que es un indicador de la actividad de los microorganismos en la superficie. Cuando uno de estos gigantes de hielo se derrite, el hierro y otros nutrientes que contiene fertilizan el mar, de modo que aumenta la población de fitoplancton y otros organismos que contribuyen a la fijación del carbono atmosférico en el lecho marino.



Los autores del trabajo, publicado en Nature Geoscience, calculan que estos icebergs son responsables del almacenamiento del 20 por ciento del carbono en el hemisferio sur del planeta. Las pruebas sugieren que hasta una décima parte de la fijación de carbono del planeta se produce en estos océanos y que los icebergs tienen un papel principal, a pesar de que estudios anteriores decían lo contrario "Si el desprendimiento de icebergs aumenta en este siglo como esperamos, esta retroalimentación negativa del ciclo del carbono puede ser más importante de lo que esperábamos antes", incide Bigg.

Referencia: Enhanced Southern Ocean marine productivity from fertilization by giant icebergs (Nature Geoscience) DOI 10.1038/ngeo2633
Tomado de:

26 de febrero de 2014

Convirtiendo la orina en fertilizantes


Orina

La orina contiene fósforo y nitrógeno, valiosos fertilizantes.

Es posible que la orina no sea el más agradable de los "productos" humanos, pero puede ser nutritivo para las plantas.

De hecho, puede ser un recurso barato e ilimitado para una agricultura sostenible.
Aunque su uso como fertilizante no es nuevo, un proyecto de recuperación de la orina en Vermont, Estados Unidos, busca promover un cambio en la manera en que pensamos en los desechos humanos.

Prueba de uso de orina como fertilizante

 Las franjas de césped más verdes muestran el efecto de la orina como fertilizante en Battleboro.

"Reciclamos orina en nuestro proyecto por dos razones, una es por los fertilizantes que produce, que son valiosos para la agricultura, y la otra es por la contaminación que evita", explica a BBC Mundo Abe Noe-Hays, director de investigación del Rich Earth Institute.

"La orina es muy alta en fósforo y nitrógeno, y esas cosas en el agua son serios contaminantes, hacen que crezcan las algas en los ríos, y eso puede matar peces y destruir ecosistemas acuáticos".

"La orina contiene 85-90% del nitrógeno de los desechos humanos y alrededor de dos tercios del fósforo, y las heces sólo tienen el resto", dice Noe-Hays.

Pero por otra parte, el fósforo -que producen pocos países en el mundo- es fundamental para la agricultura y no tiene un sustituto.

Por eso, dice Noe-Hays, si se recolecta la orina antes de que llegue a las plantas de tratamiento se evita que estos nutrientes contaminen el agua y a la vez se está recuperando gran parte del fósforo de la agricultura sin tener que reemplazarlo. La idea es crear un ciclo renovable, que no llegue al océano.

Fácil y seguro

Planta de tratamniento de agua

En las plantas de tratamiento de aguas residuales se eliminan los patógenos, pero el fósforo requiere recursos especiales.

En la localidad de Brattleboro, el proyecto de Rich Earth Institute ha conseguido recolectar y reciclar 3.000 galones (unos 11.300 litros) de orina en 2013 gracias a los donantes locales y esperan aumentar a 5.000 el año que viene, según reporta la revista National Geographic.

Pero además, la iniciativa trabaja con la organización no gubernamental Sustainable Harvest International en proyectos de desarrollo en países como Nicaragua, Belice y Panamá para apoyar a los campesinos locales con recursos sostenibles, y la recuperación de la orina es uno de ellos.

Según Noe-Hays, es fácil y seguro, ya que el riesgo microbiológico es muy bajo y es un recurso económico para los pequeños agricultores.

Las bacterias suelen sobrevivir muy poco tiempo fuera del cuerpo humano, por eso basta con almacenar el líquido durante un tiempo razonable, de entre uno a seis meses, para obtener un producto fertilizante inofensivo.

Otra opción para sanear la orina es la pausterización, pero requiere algo más de equipamiento tecnológico.
Pero si alguien lo quiere hacer en casa, dice Noa-Hays, lo mejor -en base a un documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) - es simplemente esperar un mes entre la fertilización con la orina y la cosecha.

Fuente:

BBC Ciencia

14 de noviembre de 2013

Ya está cerca una gran crisis en la agricultura: La crisis de los fosfatos


Claves del fósforo 
  • Es un elemento no metálico.
  • Es sólido a temperatura ambiental.
  • Su uso más común es en agricultura y siderurgia.
  • Se encuentra principalmente en los fosfatos.
  • En 2011 se produjeron 198 millones de toneladas.
  • Las reservas mundiales se estiman en 67.000 millones de toneladas.
  • Símbolo químico: P.
  • Número atómico: 15.
  • Peso atómico: 30,97.


¿Es el insaciable hambre mundial por los fosfatos la mayor crisis planetaria que se avecina de la que usted probablemente nunca haya oído hablar?

Desde 1945 la población mundial se ha triplicado hasta alcanzar los 7.000 millones de personas y la alimentación de esta población ha pasado a depender cada vez más de los abonos artificiales.
Entre los abonos más importantes se cuentan los fosfatos, que provienen de un mineral que se encuentra en cantidades limitadas. Se extrae, procesa y disemina sobre los campos y finalmente se filtra hasta los océanos.

Entonces, ¿qué pasaría si un día se nos acaba el suministro?

"Las cosechas se reducirían de forma muy, muy notoria", le dice a la BBC Andrea Sella, químico del University College de Londres (UCL).

"Estaríamos en serios problemas. Tenemos que recordar que la población mundial está creciendo de manera constante, por lo que la demanda de fósforo está creciendo cada año".

Como explica Sella, el fósforo es esencial para la vida. Este elemento, tan reactivo que combustiona espontáneamente en su forma pura, es utilizado por células vegetales y animales para almacenar energía.

También constituye la columna vertebral del ADN y es un ingrediente esencial de nuestros huesos y dientes.

La agricultura sin ella no es una opción viable.

Subvaluado y subestimado

Si bien esto puede sonar bastante alarmante, hay dos salvedades importantes.
 
En primer lugar, se prevé que el suministro de fosfatos va a durar muchas décadas, por no decir siglos.

Así que la humanidad no se encuentra en ningún peligro inmediato de quedarse sin los medios para alimentarse, incluso si continua engullendo fosfatos como ahora.

En segundo lugar, uno de los mayores problemas con los fosfatos en los últimos 60 años ha sido sin duda que son demasiado baratos y abundantes, lo que no constituye un incentivo para usarlos con moderación.

Sólo una pequeña parte es absorbida por las plantas, el resto es lavado por la lluvia.

Y este exceso de fertilizantes vertidos en los sistemas fluviales, tanto fosfatos como nitratos, ha creado un problema ambiental desagradable: la eutrofización o el enriquecimiento en nutrientes de un ecosistema
Los abundantes nutrientes alimentan algas en ríos y lagunas haciendo que florezcan y vuelvan el agua verde.
Cuando el alga muere, proporciona un festín para los microbios que a su vez se multiplican y chupan el oxígeno del agua, matando los peces y la flora y fauna en general.

Es un problema común en los tramos inferiores de los ríos más importantes, como el Támesis y el Rin, en Europa, y el Yangtze en China.

Floraciones de algas similares ocurren en los océanos, donde grandes áreas -en particular en el Mar Báltico y el Golfo de México- se han convertido en "zonas muertas" .


Los fertilizantes que terminan en los océanos y ríos hacen florecer las algas.

"Un mal sistema"

Desde una perspectiva medioambiental, el precio de los fosfatos ha sido muy bajo.

Sin embargo, esto parece estar cambiando.

El costo en el mercado de los minerales de fosfato se ha quintuplicado en la última década, a medida que la demanda -en particular, la del mundo en desarrollo- ha crecido de manera constante.

Mientras tanto, el costo de la producción de fertilizantes también se ha incrementado a medida que se han extraído los filones más ricos y baratos de fosfato.

Mujer echando fertilizante

El fósforo se utiliza principalmente en el abono de los cultivos.

"El precio de las materias primas depende del costo de la extracción de la próxima tonelada que se necesita", dice Jeremy Grantham, de la compañía gestora de fondos Grantham Mayo Van Otterloo. "Es irremediablemente un mal sistema".

"Mientras podamos extraer un recurso vital a bajo precio, le pondremos un precio bajo, y continuaremos extrayendo las reservas hasta que el proceso se vuelva muy caro. Luego empezaremos a conservar la materia prima", indica el experto.

Hay varias opciones para contrarrestar el problema:

1. La agricultura moderna podría empezar a utilizar los fosfatos con moderación y reciclar lo que se desperdicia.
2. Se pueden generar cultivos o manipularlos genéticamente para que sean más eficientes a la hora de absorber fósforo, de manera que se necesiten menos fertilizantes.
3. Se podría regular el uso de los fosfatos. La Unión Europea, por ejemplo, prohibió recientemente su utilización en productos de limpieza, donde se utiliza como un suavizante de agua.

Donde hay suciedad hay latón

Y luego está la opción de las aguas residuales.

¿Por qué no capturar el fósforo de nuestros propios residuos y reciclarlo? Suecia y Alemania han estado liderando el camino en este aspecto.

También hay una pequeña industria entre los medioambientalistas en los países occidentales de "retretes de compostaje".

Ahora la compañía Thames Water en el Reino Unido está lanzando un nuevo "reactor" que convierte el lodo de las aguas residuales en gránulos de fertilizante. 


Thames Water está extrayendo fósforo de las aguas residuales.

Pero, qué parte de la oferta futura de fósforo será proporcionada a través del reciclaje es una cuestión abierta al debate. Thames Water dice que podría ser 20%, con el uso de la tecnología actualmente disponible. 

Pero tal vez el punto que más dudas genera es que, como empresa del sector privado, la compañía británica no está actuando sólo por buena voluntad.

Thames Water y sus socios canadienses Ostara, que desarrollaron la tecnología, esperan obtener un beneficio de la venta de los gránulos, así como del ahorro de los costes de limpieza y sustitución de tuberías bloqueadas por un sedimento a base de fósforo llamado estruvita. 

Desde el punto de vista del medioambiente o el uso sostenible a largo plazo de un recurso limitado, todos los beneficios son bienvenidos.

El punto importante es que el aumento del precio de los fosfatos ha hecho que valga la pena empezar a reciclar esta materia.

Lea el artículo completo en:

BBC Ciencia

24 de agosto de 2012

Las nanopartículas, un temor grande para las cosechas


La soja es una de los cultivos más extendidos en todo el mundo.

Científicos alegan que un par de sustancias químicas ampliamente usadas, con forma de "nanopartículas", pueden extenderse en las cosechas y afectar su crecimiento y la fertilidad del suelo.

A pesar de que el uso de las nanopartículas se ha incrementado en los últimos años todavía queda mucho por entender en cuanto a su impacto medioambiental. 

Ahora, un reciente estudio publicado en la revista de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos demuestra que las partículas presentes en algunos gases y ciertos fertilizantes afectan de forma negativa el crecimiento de la soja y a su suelo.

Las nanopartículas, concretamente, afectan a cierto tipo de bacterias de las cuales la planta depende para su crecimiento.

Miles en un milímetro

Una nanopartícula se define como una partícula que tiene al menos un diámetro menor a 100 nanómetros (nm). Un nanómetro es una medida de longitud usada a nivel microscópico. En un milímetro entran un millón de nanómetros.

Las nanopartículas o los nanomateriales tienen una amplia variedad de aplicaciones, desde cosméticos y materiales de revestimiento hasta aditivos para el combustible. Cada vez más se evalúa su posible uso en aplicaciones médicas como la administración de cierto tipo de drogas.

A pesar de que muchos de sus efectos han sido ampliamente documentados, algunos de sus mecanismos no han sido todavía comprendidos del todo. Las inquietudes giran en torno a sus efectos en el medioambiente, lo que podría afectar a la salud de las plantas, los animales o incluso los humanos.


En un milímetro caben miles de nanopartículas.

En el estudio recientemente publicado, un equipo dirigido por la profesora Patricia Holden, de la Universidad de California, examinó el efecto en el cultivo de la soja de dos nanopartículas ampliamente usadas.

Más crecimiento

La soja es un cultivo de una importancia económica enorme. Globalmente es el quinto producto agrícola en el mundo.

Los investigadores se centraron en los efectos que tienen nanopartículas de óxido de cinc y de cerio sobre este cultivo. El primero es un componente común en cosméticos y suele acabar en desechos que se usan como fertilizantes. El segundo se utiliza en algunos combustibles diesel para mejorar el proceso de combustión y reducir las partículas emitidas.

Las plantas cultivadas en presencia de nanopartículas de óxido de cinc crecieron más que aquellas a las que no se suministró este compuesto. Pero se detectó mayor presencia de cinc en partes comestibles de la planta como las hojas y granos.

Las nanopartículas de óxido de cinc son tóxicas para células de mamíferos producidas en el laboratorio, pero su efecto en humanos todavía no ha sido estudiado de manera integral.

El crecimiento de la soja se vio retrasado cuando las plantas fueron cultivadas en presencia de altos niveles de nanopartículas de óxido de cerio.

Bacterias que fijan nitrógeno


Las raíces de la soja tienen bacterias que fijan el nitrógeno, elemento esencial en el crecimiento de la planta.

El cerio penetró en la raíz de las plantas.

La soja forma parte de la familia de las legumbres, cuyas raíces alojan bacterias que transforman el nitrógeno atmosférico en una forma que las plantas pueden usar para su crecimiento. Este proceso es conocido como la fijación del nitrógeno.

Las partículas de cerio parecieron inhibir por completo la habilidad de las bacterias para fijar el nitrógeno.
Refiriéndose a la toxicidad de las nanopartículas, la profesora Vicki Stone, de la Universidad escocesa de Heriot-Watt, afirmó que "los nanomateriales no son o 'peligrosos por igual' o 'seguros por igual'".

"Los efectos suelen depender de sus características físicas y químicas. Esto es en lo que se están centrando los científicos, para así poder predecir los niveles de toxicidad con base en estas características".

Las autores concluyen que la acumulación de nanomateriales manufacturados en tierras de cultivo podría afectar a la calidad y producción de dichos cultivos y desembocar en la necesidad de un mayor uso de fertilizantes sintéticos.

Fuente:

BBC Ciencia

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20 de julio de 2012

Hierro en el océano para combatir el cambio climático

Polarstern

El experimento se llevó a cabo utilizando el barco de investigación alemán Polarstern.

La fertilización de los océanos con hierro podría provocar que el dióxido de carbono permaneciese enterrado durante siglos, según lo reveló un reciente estudio publicado en la revista Nature.

El equipo de investigadores alemanes asegura que el hierro induce el crecimiento de pequeñas plantas marinas que se hunden en el océano y se llevan con ellas el CO2, lo que podría ayudar a combatir el cambio climático. 

Se trata de una de las ideas más antiguas para aportar una "solución técnica" al clima. Sin embargo, antes de que el método se ponga en práctica hacen falta más investigaciones. La prioridad, dicen los científicos, debe ser frenar las emisiones de CO2.

En el pasado se han llevado a cabo cerca de 12 experimentos de fertilización con hierro en el mar, que han sido estimulados por el oceanógrafo pionero de la teoría, John Martin.

En la década de los 80, Martin sugirió que en muchas partes de los océanos el crecimiento del fitoplancton -las diminutas plantas marinas o algas- se ve limitado por la falta de hierro.

Según él, la adición del elemento químico permitiría que las plantas hicieran pleno uso de nutrientes como el nitrógeno y el fósforo y, al crecer, absorberían el dióxido de carbono.

Desde entonces, este se ha convertido en el enfoque más estudiado de todos los propuestos por la "geoningeniería", que ofrece soluciones técnicas para el cambio climático.

Otros experimentos han demostrado que la adición de hierro estimula el crecimiento del fitoplancton y absorbe el CO2, pero no han dejado claro si el carbono vuelve a liberarse cuando las plantas mueren o por medio de la respiración de los pequeños animales (zooplancton) que se alimentan de ellas.

Alga marina

El alga Corethron pennatum fue una de las plantas estimuladas por el hierro.

La nueva investigación, relacionada con el Experimento de fertilización con hierro europeo (EIFEX, por sus siglas en inglés) realizado en 2004 en el Océano Antártico, es el primero en dar una respuesta clara a esas preguntas.

Sedimentos

EIFEX depositó cerca de cinco toneladas de sulfato de hierro en un remolino del Océano Antártico. Los científicos mostraron que el agua de esa corriente era bastante autónoma y se aislaba del resto del océano.
El hierro provocó que afloraran las algas, que murieron días después cuando la concentración de hierro se redujo.

Durante siete semanas, los científicos monitorearon el agua dentro y fuera del torbellino, y también antes, durante y después de la implementación del sulfato de hierro.

"Teníamos instrumentos que se podían desplegar hasta el fondo del mar a una profundidad de 3.800 metros", dijo Victor Smetacek, investigador principal del estudio.

"También contábamos con botellas que se cerraban a profundidades específicas para captar muestras de agua. Con ellas realizamos un gran número de mediciones del fitoplancton y su entorno (los nutrientes, el hierro y el zooplancton)", señaló a la BBC el científico del Instituto Alfred Wegener.

Las mediciones mostraron que aproximadamente la mitad del carbono que absorben las algas de las aguas superficiales, se hundía en el fondo del mar cuando el fitoplancton moría.

"El carbono orgánico en las algas muertas se filtró y se convirtió en una masa pegajosa, que a su vez arrastró a otras partículas hasta el fondo", dice.

Como el dióxido de carbono está en constante intercambio entre la superficie del océano y la atmósfera, la presunción es que una vez que el carbono ha llegado al fondo del océano en forma sólida, permanecerá allí durante siglos. Mientras tanto, el agua de la superficie -que estaría relativamente empobrecida de carbono- absorbería más CO2 de la atmósfera.

"Esta no es una solución"


"De los 12 experimentos de fertilización de este tipo, este ha sido el único ejemplo hasta la fecha que muestra que el carbono se sedimenta en el fondo de aguas profundas y se mantiene lejos de la atmósfera"

El doctor Michael Steinke de la Universidad de Essex en el Reino Unido, quien no participó en el estudio, dijo que se trata de "la primera evidencia de la conexión entre la atmósfera -cada vez más cargada de CO2- y las profundidades del mar".

Sin embargo, los experimentos de fertilización con hierro a lo largo de los años han dejado una clara lección: cada trozo de océano es distinto. Y cada uno precisa de la mezcla correcta de nutrientes y el tipo correcto de organismos.

El experimento más grande de todos, llamado Lohafex, asestó un duro golpe a las esperanzas de la fertilización del océano cuando confirmó hace tres años que seis toneladas de hierro inducían el crecimiento de apenas un poco de plancton.

"¿Este nuevo experimento abre las puertas a la geoingeniería a gran escala utilizando la fertilización del océano para mitigar el cambio climático?", preguntó el doctor Steinke. "Probablemente no, ya que la logística de encontrar el lugar adecuado para tales experimentos es difícil y costosa. De los 12 experimentos de fertilización de este tipo, este ha sido el único ejemplo hasta la fecha que muestra que el carbono se sedimenta en el fondo de aguas profundas y se mantiene lejos de la atmósfera".

El profesor John Shepherd, del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido, quien presidió el reporte de la Royal Society "La geoingeniería del clima", dijo que también es necesario que se tome en cuenta el impacto que la fertilización con hierro tendría sobre la vida marina, antes de ser considerada una "solución técnica".

"Aunque la nueva investigación es una contribución interesante y valiosa en este campo en evolución, no se ocupa de los posibles efectos ecológicos secundarios de la tecnología y sigue siendo un único estudio en un campo poco conocido", dijo.

El análisis del profesor Smetacek es que, tras una fertilización a gran escala, el océano solo podría ocuparse de una cuarta parte del dióxido de carbono que es depositado en la atmósfera por el transporte, la agricultura y otras industrias.

"Esta no es una solución. Lo primero que tenemos que hacer es reducir las emisiones. Eso es lo absolutamente esencial".

Fuente:

BBC Ciencia


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3 de junio de 2011

Los fertilizantes dañan las praderas submarinas

Pradera submarina, un ecosistema de gran biodiversidad.|CSIC

Pradera submarina, un ecosistema de gran biodiversidad.|CSIC

La actividad humana en la tierra afecta también a los océanos, no sólo por la contaminación de plásticos, combustibles y otros desperdicios, sino también por los fertilizantes que se utilizan en la agricultura industrial y acaban llegando a las aguas marinas. Un estudio realizado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)y colegas estadounidenses ha revelado que estos nutrientes están destruyendo las praderas submarinas, que cumplen un importante papel biológico.

Estas praderas costeras albergan una gran diversidad de organismos (cangrejos, peces, camarones), pero además cumplen un importante papel como barrera de protección para la costa y, sobre todo, colaboran en la captación del CO2 atmosférico, produciendo oxígeno, lo que ayuda a mantener limpios tanto el aire como el agua.

La conclusión fundamental del trabajo, entre cuyos autores se encuentra el oceanógrafo Carlos Duarte, es que estas importantes praderas pueden deteriorarse con rapidez ante la masiva utilización de abonos químicos en la agricultura industrial, como acaban de publicar en la revista 'Ecological Applications'. De hecho, los nutrientes, según aseguran, "afectan a la mayoría de los beneficios que obtenemos de las praderas submarinas".

Los análisis se ralizaron en la costa de Alabama (Estados Unidos), donde ya ha detectado una gran pérdida de estas praderas por el aumento de nutrientes, un fenómeno que se conoce como eutrofización.

El experimento se realizó en pequeñas parcelas, en las que se echaron fertilizantes durante seis meses con continuidad. Al final de ese tiempo, se observó que el nitrógeno había estimulado el crecimiento del placton y las algas, hasta el punto que reducían la entrada de luz a las plantas, perjudicando a la fotosíntesis. A la vez, estas algas consumían mucho oxígeno por la noche. "Algunas llegaron a hacer un tapete que ahogaba a las plantas", explica Duarte a ELMUNDO.es

Estudios previos ya habían estimado que desde los años 50 del siglo pasado, se habría perdido casi un tercio de la superficie que ocupaban. Este deterioro, según el investigador, ha afectado negativamente a la fauna que las habitaba, casi todos consumidores primarios: organismos hervíboros que se alimentan de los detritus de las plantas. De hecho, al término del experimento, había disminuido drásticamente el número de alevines de cangrejos,peces y camarones. Incluso a simple vista se veía el agua menos transparente.

Más producción biológica

Andrea Antón, investigadora de la Universidad de Carolina del Norte(EEUU), que es la primera autora del trabajo, observa no obstante que no todos los efectos fueron negativos: "A pesar de la pérdida de este ecosistema submarino, el incremento en el uso de fertilizantes podría no afectar a la capacidad que tienen estos ecosistemas de absorber dióxido de carbono ni tampoco a su productividad de oxígeno". Al parecer, según explica Antón,tampoco afectó a la cantidad de alimento para otras especies ni para el intercambio de oxígeno y CO2 dentro de la cadena trófica.

Duarte apunta que, efectivamente, aumenta la producción biológica, y por tanto también su capacidad de sumidero de CO2, pero en vez de las plantas, lo que hay son algas, por lo que deja de ser una pradera.

La solución a este problema pasaría, explica el científico, por un mayor control de los fertilizantes por parte de los agricultores. En algunos países, como Dinamarca, ya se ha reducido obligatoriamente un 50% la cantidad utilizada, y están en vías de aumentar ese porcentaje pese a las quejas de los campesinos, dado el coste mediambiental que supone y tambiém eonómico, dado que se acaba con especies que son valiosas aa nivel comercial.

"Los estudios que se han hecho en Europa indican que los suelos está saturados de nutrientes, así que no disminuiría su productividad agrícola, pero si se evitaría un importante coste medioambiental", apunta Duarte.

Fuente:

El Mundo Ciencia

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