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7 de marzo de 2013

¿Avispa reina o avispa obrera? La respuesta está en los genes






  • Un estudio sobre avispas determina que las obreras tienen un genoma "más activo".
  • Un único fenotipo ancestral se diversificó para dar lugar a reproductores especializados (reinas) y cuidadores de la descendencia y 'multiusos' de la colonia (obreras).
Un estudio científico internacional, en el que ha participado el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona, ha identificado la parte del genoma que determina si una avispa será reina u obrera y han descubierto que éstas últimas tienen un genoma "más activo".

La investigación, que publica la revista Genome Biology de Biomed Central, ha conseguido secuenciar la parte "activa" del genoma, el transcriptoma, de las avispas tropicales, Polistes cancensis, con el objetivo de determinar si una avispa será reina o obrera dentro del enjambre.

El trabajo demuestra que las obreras tienen un transcriptoma más activo que las reinas, lo que explica que en estas sociedades simples, las obreras serían "multiusos" en la colonia, con un genoma mucho más activo, dejando a la reina con una actividad más restringida, según informa en un comunicado el CRG.

"El estudio de especies eusociales primitivas, como estas avispas, ayuda a comprender la evolución de la sociabilidad", según señala el Centro de Regulación Genómica.
 
Todas las especies sociales básicamente evolucionaron de un único antecesor, en este caso una única avispa que ponía huevos y alimentaba su prole.

Lea el artículo completo en:

20 minutos 

19 de octubre de 2012

El caso de la avispa de un milímetro que ¿vuela o flota?



Imgisland.com y GuruBlog

Ahora pensad en esta visión tan cotidiana, bucólica: es una mañana de primavera, y a través de las copas de los árboles que pueblan un parque cualquiera se filtran hermosos rayos de sol, iluminando nuestro paseo y el ambiente por debajo del dosel. Y allí, iluminadas en medio de ese espacio aéreo, las pequeñísimas y habituales partículas atraviesan esos chorros de luz, flotando, cayendo, moviéndose aleatoriamente. Estáis tan habituado a verlas que apenas pensáis en ellas. Polen, polvo, microscópicos fragmentos de vegetación o de cualquier otra naturaleza. Pero ahora ya podéis sumar un nuevo ingrediente a esa mezcla aérea tan cotidiana, pues también podríais estar observando alguna que otra avispa parasítica de la familia Mymmaridae (Hymenoptera). Pero no hay nada que temer, estas micro avispas son parasitoides de huevos de insectos, así que aunque os traguéis una sin querer os quedaréis igual.

Flotar es considerado por muchos una manera de volar, si lo aceptamos como una forma de trasladarse por el medio aéreo. Tomemos como ejemplo a la ardilla voladora siberiana Pteromys volans (Linnaeus, 1758), cuyo cuerpo está bordeado lateralmente por un repliegue de piel cubierto de pelo, llamado patagio y situado entre los dos pares de miembros, el cual puede extenderse a modo de paracaídas permitiendo al animal realizar vuelos planeados de hasta 35 metros de recorrido. Pero ¿realmente vuela? Creo que todos estaríamos de acuerdo en aceptar que, aunque el nombre de este animalillo sea elocuente, no vuela como lo hacen los pájaros o los murciélagos (que por cierto estos últimos también tienen patagio), si nos ceñimos al acto estricto de batir las alas. 


Pteromys volans, animalillo planeador al que le han dedicado más de un sello postal (fotos: kkWikipedia.org y MyOpera.com)

Pero reduzcamos el tamaño de los ejemplos voladores (o flotadores). Entre los insectos que estudiamos en el Parc Natural de la Serra de Collserola se encuentra una minúscula ”mota de polvo alada”, una avispa parasítica de la familia Mymmaridae casi microscópica, de apenas 1mm de longitud con las alas extendidas y cuyo cuerpo no sobrepasa los 0.5mm si descontamos las finísimas antenas. ¡Medio milímetro! A menos que se capture con una trampa especializada para estudios de insectos (como la trampa denominada Malaise), y posteriormente se observe bajo el microscopio estereoscópico, es casi imposible detectar esta especie en plena naturaleza. Vamos, que aquello de pasear y exclamar “… ¡Ey! mirad esa mariposa de allí” no es aplicable. La mayoría de las avispas parasíticas de la familia Mymmaridae son tan pequeñas que no sería descabellado pensar que al más mínimo soplo de brisa quedaran colgadas en el espacio, flotando sin necesidad de batir las alas. Y lo cierto es que, a pesar de realizar un vuelo en toda regla como respuesta ante el impulso de sus alas en movimiento, su escasa masa corporal podría llevarles también a comportarse como una mota de polvo, quedando en suspensión y brindando a los rayos de sol esa apariencia de fluido con brillantes partículas flotantes.

¿Dónde se encuentra el límite de tamaño mínimo de un insecto y, aún más, dónde acaba el límite de tamaño para el vuelo en el sentido de batir las alas? Resulta que los insectos más pequeños, entre ellos algunas avispas parasíticas, son comparables en tamaño a organismos unicelulares y, como nota extra, en ellos se ha descubierto recientemente que esta extrema miniaturización en las especies afecta a su estructura, no sólo a nivel de órganos sino también a nivel celular, presentando un sistema nervioso anucleado casi en su totalidad, o sea neuronas que han perdido su núcleo, aunque esto sería una historia para contar en otra ocasión. 

Para no alargar el asunto, el insecto más pequeño del mundo es una avispa parasítica de la familia Mymmaridae (como nuestra mota de polvo alada) llamada Dicopomorpha echmepterygis Mockford, 1997. Los machos son los más pequeños de todos los insectos conocidos y, además de ciegos, no poseen alas. Su tamaño no excede los 139 µm (micrómetros) de longitud, poco más de 1/10 de milímetro, lo que le convierte en mucho más pequeño que un paramecio. Detengámonos un segundo en este dato. Un paramecio es un organismo unicelular, todo él es una única célula, y resulta que es más grande que una avispa parasítica, que posee millones de células que conforman sus órganos, músculos y demás partes del organismo. Otro de tantos ejemplos que nos muestra la naturaleza superando con creces a la ciencia ficción.

 

Avispa Megaphragma mymaripenne Timberlake, 1924 (familia Trichogrammatidae), tercera especie viva de insecto más pequeño del mundo al lado de un paramecio y una ameba a la misma escala, 200 µm (una quinta parte de un milímetro). Imagen, modificada, de Ed Yong.

Sobre el tamaño mínimo que un insecto puede alcanzar ya tenemos una respuesta, aunque teniendo en cuenta la ingente cantidad de especies por descubrir en sitios remotos, y no tanto, del planeta, no sería de extrañar que este récord de miniaturización se viera sustituido en un futuro cercano por otro más asombroso. En cuanto al límite de tamaño mínimo para realizar el vuelo, puede que los físicos puedan echarnos un cable con el enigma. De momento, la especie de insecto más pequeña del mundo posee alas funcionales para el vuelo (o al menos las hembras). Si el descubrimiento de otras especies de insectos inferiores en tamaño a Dicopomorpha echmepterygis mostrara una ausencia total de alas en ambos sexos, ello podría acercarnos más a la respuesta pero solo un poco. Y podríamos pensar que más allá del horizonte de los 200 µm el vuelo no es viable, o posible. Pero siempre quedaría la incertidumbre de que la ausencia de alas en estas nuevas especies microscópicas se deba sencillamente a sus hábitos de vida, su historia natural, y no a la imposibilidad física de poder realizar el vuelo. Sencillamente podrían no necesitar alas.  

Que el albatros viajero Diomedea exulans Linnaeus, 1758 sea el ave de mayor envergadura con capacidad de volar no significa que en ella se encuentre el límite máximo de tamaño y peso de un animal para realizar el vuelo. Con un peso aproximado de entre 6 a 8.5 kilos y una envergadura alar de hasta 3.5 metros, de punta a punta de sus alas, es actualmente el amo de los cielos pero podrían existir otros. ¿Existen? El albatros viajero es seguido muy de cerca por el cóndor andino Vultur gryphus Linnaeus, 1758 con envergadura entre los 2.70 a 3.30 metros y peso de 11 a 15 kilos. ¿Y… ya está? ¿Significa esto que estas dos aves marcan el límite máximo posible para que un animal pueda volar? Si nos atenemos a las especies vivas conocidas todo parece indicar que sí. No existen otras aves que, al superar estas medidas de masa y envergadura, puedan levantar el vuelo. Ningún avestruz ha levantado el vuelo de momento. ¿Significa esto la respuesta definitiva? Nada de eso, estos grandullones tienen mejores competidores que les dejarían en ridículo a la hora de dominar los cielos. Que el avestruz no vuele no es un tema de masa corporal o envergadura, es un camino evolutivo tomado por esta especie que le ha llevado a ser una corredora potente y no un gigante del aire. Hay otros competidores fuertes luchando por el trono. Y no hablo de que un hipotético animal pudiera alzar el vuelo solo porque algunos cálculos físicos y matemáticos demuestren esta posibilidad. Hablo de verdaderos titanes alados de carne y hueso, aunque más de esto último ya que desgraciadamente mis héroes pertenecen al registro fósil, a un pasado remoto.

Hasta donde sabemos, el animal volador que ha marcado con diferencia el límite máximo de tamaño y peso para el vuelo es el gran Quetzalcoatlus northropi Lawson, 1975, un gigantesco pterosaurio que habitó el planeta hace entre 68-65.5 millones de años atrás. Con una envergadura de entre 10-11 metros de punta a punta de las alas y un peso estimado entre los 200-250 kilos, este gigante ha puesto el listón muy alto rompiendo nuestros esquemas sobre dónde está el límite máximo viable para el vuelo… hasta que aparezca un nuevo titán. ¿Y dónde queda nuestra avispa estrella de Collserola, nuestra mota de polvo alada del principio de esta página? Bueno, ahí está, esperando con su casi medio milímetro de cuerpo a que surja en su vecindario una nueva campeona microscópica.


 
El gran Quetzalcoatlus northropi, el gigante que de momento marca el récord de animal volador más grande que haya existido. A su derecha, nuestra avispa parasítica estrella de Collserola, de la familia Mymmaridae, escala 1mm (foto: J. Mederos) 

Investigador Externo Museu de Ciències Naturals de Barcelona

Fuente:

30 de marzo de 2010

Araña por delante, avispa por detrás


Martes, 30 de marzo de 2010

Araña por delante, avispa por detrás

Más de 300 especies de arañas pertenecientes a 13 familias imitan a hormigas (mirmecomorfismo) pero una araña saltadora, Orsima ichneumon, imita a una avispa mutílida cuando se mira por detrás.

Del derecho y del revés

Del derecho y del revés. Orsima ichneumon es una araña saltícida de unos 5 milímetros de largo que habita en las selvas de Malasia, Sumatra y Borneo. Imagen de Liew Weng Keong.

El efecto lo consigue justo al revés de como lo hacen las arañas mirmecomórficas: en lugar de alargar y constreñir el cefalotórax (prosoma), es el abdomen (opistosoma) el que está modificado para simular la cabeza y el tórax de una avispa. Además, las largas hileras de la araña recuerdan a las antenas y mandíbulas del himenóptero. La forma ya de por sí confiere suficiente protección confundiendo a los depredadores y dando a la araña mayores oportunidades para escapar pero su comportamiento, moviendo las hileras para imitar el movimiento de las antenas y las mandíbulas, hace el engaño mimético aún más creíble.

Orsima es un género de arañas saltadoras (saltícidos) del que se conocen dos especies: O. constricta, distribuida por África central y occidental, y O. ichneumon (antes conocida como O. formica), que habita en las selvas de Malasia, Sumatra y Borneo. Ambas tienen una apariencia similar aunque se diferencian en algunos detalles del abdomen, las espinas de las patas, las tibias de los palpos y las cerdas estriduladoras entre el prosoma y el opistosoma.

¿Araña o avispa?

¿Araña o avispa?. Vista por detrás, Orsima ichneumon se parece a una avispa mutílida. Imagen de Aviculo-Mania.

Hay otras arañas saltadoras que imitan a insectos cuando se las mira por detrás. Entre ellas se encuentra Diolenius, que habita en Papúa-Nueva Guinea. Esta araña vive en las hojas de jengibre e imita a moscas. Su primer par de patas, extremadamente largo, los lleva en una forma que imita a las alas de la mosca y en vez de andar hacia adelante, se mueve hacia atrás como si realmente fuera una mosca.


Fuente:

Entomo Blog

18 de enero de 2010

Las higueras también castigan



Lunes, 18 de enero de 2010

Las higueras también castigan

La higuera

La higuera (Ficus carica) es un árbol de pequeño porte o un arbusto de la familia de las moráceas (Moraceae), una de las numerosísimas especies del género Ficus. Originario de Asia sudoccidental, crece ahora espontáneamente en torno al Mediterráneo y en otras regiones del mundo, como al sur de Lima, en la costa central del Perú.

Los frutos de la higuera son diversos, distinguiéndose muchas variedades y distintas fructificaciones estacionales, designándose con términos como higos blancos, higos reina, higos negros y brevas. Fue una de las primeras plantas cultivadas por el hombre. Un artículo en la revista Science constataba el hallazgo de nueve higos fosilizados fechados alrededor de 9400-9200 a. C. en el poblado neolítico Gilgal I, en el Valle del Jordán.

Las higueras castigan a las avispas que no cooperan correctamente con ellas y tratan de obtener beneficios sin pagar el precio acordado.

De entre todas las frutas, los higos son aquellos cuya historia es mejor olvidar a la hora de comérselos. Pero son un bello ejemplo de colaboración o cooperación entre especies muy distintas.

Las higueras, pese a lo que parece, son unos árboles muy modernos. La carencia de flores es sólo aparente, pues éstas se encuentran en el interior de los higos inmaduros. El problema viene a la hora de polinizarlas.

Las higueras han encomendado la tarea de su polinización a las avispas. Es aquí donde la historia se hace interesante, representando el ejemplo favorito de relación mutuamente beneficiosa entre dos especies.

El higo inmaduro constituye el lugar donde determinadas especies de avispas van a poner los huevos, un sitio que sus larvas van a considerar acogedor en donde crecer, pues están protegidas y tienen aporte de comida. La maduración del higo, así como la cría de las larvas de avispa y la generación de polen están sincronizadas de tal modo que las avispas pueden polinizar las flores de otros higos. La higuera proporciona el incentivo de comida gratis y un refugio, pero a cambio consigue la polinización cruzada. Este tipo de relación se remonta a hace unos 80 millones de años, cuando se cree que surgió por primera vez.

Pero esto no siempre es así, como en toda relación social compleja siempre puede haber tramposos que quieran aprovecharse del sistema y obtener los beneficios sin pagar un precio. En este caso puede haber avispas que quieran usar los higos, pero que no quieran polinizarlos.

La higuera se las ha ingeniado para crear un sistema de castigo para que la simbiosis no se transforme en parasitismo: dejar caer los higos que no han sido polinizados por la avispas, matando así a su descendencia. Este castigo podría ser esencial a la hora de mantener la relación tal y como es.

Lea el artículo completo en:

NeoFronteras
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