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4 de mayo de 2015

Cuando el software se escribía con lápiz y papel

En una época en la que las mujeres luchan por hacerse espacio en el mundo de la tecnología, y en la que el estereotipo del programador es un chico joven frente a una pantalla, es curioso recordar que hubo un momento en el que el software era cosa de mujeres que lo escribían a mano, con lápiz y papel, desde su casa.
Y todo eso era revolucionario.

Quien lo hizo posible es la persona que se considera fue el primer programador independiente del mundo y cuyo nombre, o al menos uno de ellos, es Steve.
Steve partió desde Austria cuando tenía 5 años, pocas semanas antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, con destino a Inglaterra en el kindertransport,el transporte que se organizó para salvar a niños judíos de manos del Tercer Reich.
En ese momento, su nombre era Vera Buchthal. Y, sí, era una niña. Una niña apasionada por las matemáticas que tuvo que ser transferida a una escuela de niños para que pudiera recibir una educación acorde con su talento.
Cuando terminó el colegio, se fue a trabajar a la Estación de Investigación de la Oficina Postal, un lugar que pasó a la historia por hacer las máquinas Colossus, usadas para descifrar los mensajes de los nazis. Para evitar que sus admiradores se espantaran, les decía que trabajaba en una oficina de correos, con la esperanza de que pensaran que vendía estampillas y no suponía un reto.
Para ese entonces ya se había registrado como británica con el apellido de Brook, pues adoraba al poeta Rupert Brooke. Pero pronto cambiaría, pues se casó con su colega, el físico Derek Shirley, y tuvo una nueva firma: Stephanie Shirley.
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