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10 de junio de 2014

Esta es la ciencia que nos deja el padre de las drogas del amor

El padrino del éxtasis y creador de otras 200 drogas psicodélicas, Alexander Shulgin, muere a los 88 años dejando un legado científico en forma de potenciales tratamientos contra la ansiedad en enfermos de cáncer o con trastorno de estrés postraumático 

'Sasha' y Ann Shulgin durante una firma de libros en Oakland (EEUU) en 2011 Ampliar
'Sasha' y Ann Shulgin durante una firma de libros en Oakland (EEUU) en 2011 / JonRHanna


“Todos tenemos que morir de algo”, decía habitualmente el químico y farmacólogo estadounidense Alexander Shulgin, Sasha para los amigos. A lo largo de su vida, según sus propias cuentas, sintetizó más de 200 nuevas drogas psicodélicas, que experimentó consigo mismo para pegarse unos 4.000 viajes interiores llenos de amor, felicidad y placer artificiales. Apenas tuvo un puñado de malas experiencias y, finalmente, murió el 2 de junio a la edad de 88 años, por un cáncer de hígado.

Para muchos, Shulgin merece pasar a la historia de la ciencia. Falleció en su casa laboratorio, situada en una colina cercana a la Bahía de San Francisco y rodeada de cactus alucinógenos. Allí, durante casi medio siglo, sintetizó dos centenares de nuevas drogas de diseño para estimular la mente, las sensaciones amorosas y el sexo. Su legado científico permanece en dos obras monumentales, escritas a medias con su mujer, Ann: Feniletilaminas que he probado y amado: una historia de amor química y Triptaminas que he probado y amado: la continuación. En ambos libros, de un millar de páginas cada uno, los Shulgin narran su peculiar amor químico con un tono metafísico y, además, dan instrucciones para producir las diferentes drogas. Son libros de recetas. “Es ciencia de la buena”, en palabras de Bradley Lenz, historiador de la farmacología de la Universidad de Wisconsin (EEUU).

Sin embargo, Shulgin no ha pasado a la historia por ninguna de las sustancias creadas en su laboratorio, sino por redescubrir un fármaco originalmente sintetizado como potencial coagulante de la sangre y patentado en 1912 por la farmacéutica Merck: la 3,4-metilenodioximetanfetamina, hoy conocida en las discotecas de todo el mundo como MDMA o éxtasis.


El MDMA nunca se llegó a utilizar como coagulante. Su patente se perdió en el olvido hasta que en 1976 Shulgin puso sus ojos en la molécula. Por entonces, el químico se dedicaba prácticamente a tiempo completo a buscar drogas de diseño. En 1961, la multinacional para la que trabajaba, Dow Chemical, le había premiado por desarrollar el primer pesticida biodegradable, el Zectran, que fue una máquina de ganar dinero. Su recompensa fue la libertad para investigar lo que quisiera. Así empezó a intentar fabricar llaves que abrieran las puertas de la mente, publicando sus resultados incluso en revistas científicas de primer nivel, como Nature.

Alexander Shulgin en Dow ChemicalAmpliar
Alexander Shulgin en Dow Chemical / Shulgin Archive Photo
Sin embargo, a mediados de la década de 1960, la prensa se llenó de noticias sobre el abuso de drogas en las calles. Y Dow Chemical empezó a temer que trascendieran las investigaciones de Shulgin en sus laboratorios, así que el químico fue empujado a abandonar la compañía. Pero continuó buscando drogas del amor en su casa de San Francisco, ganándose la vida como asesor y profesor en las universidades locales. Así, en 1976, leyendo un trabajo de una estudiante de química medicinal de la Universidad Estatal de San Francisco, observó el potencial del MDMA. Hoy, la sustancia es consumida por entre 10 y 28 millones de personas cada año, según el último Informe Mundial sobre Drogas de Naciones Unidas

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