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1 de mayo de 2014

El condón femenino y el futuro del sexo

Aunque su ‘sex appeal’ se haya equiparado al de una medusa, y su aspecto al de una bolsa de plástico, el condón femenino va camino de transformarse en la gran novedad del sexo seguro. Casi dos décadas después de su presentación en sociedad y con solo el 1,6% del mercado, un puñado de investigadores, ingenieros y empresarios va a presentar un amplio repertorio de condones vaginales rediseñados y reinventados.




Este reportaje fue publicado originalmente bajo licencia CC-BY en Mosaic, una iniciativa de la Wellcome Trust. Ha sido traducido por Diego Zuategui.


1. Excitación

En 1987, la ejecutiva farmacéutica americana Mary Ann Leeper viajó a Copenhague para conocer de primera mano lo que creyó que podría ser la siguiente gran novedad sanitaria mundial. Lo que no esperaba era encontrarla escondida en el interior de una vieja caja de puros. El médico e inventor Lasse Hessel la recibió, puro en boca, en la granja de su propiedad, y acto seguido le hizo entrega de la caja: “Un cajón de sastre con todo tipo de plásticos y objetos metálicos”, recuerda Leeper. “Así que respiré profundamente y me dije ‘¿en qué diantres te has metido?’”. De alguna forma, todos aquellos cachivaches, una vez unidos, formaban un artilugio que podría servir a las mujeres para prevenir embarazos y evitar enfermedades de transmisión sexual. Se trataba del primer condón vaginal.

La presentación fue de todo menos convencional, pero Leeper y sus colegas de Wisconsin Pharmacal tenían puestas grandes esperanzas en el invento de Hesse. “En Estados Unidos se empezaba a reconocer la verdadera magnitud de la crisis del sida y teníamos claro que ofrecer a las mujeres un producto con el que protegerse tendría un impacto positivo”, dice Leeper.

Desde luego, cuando Wisconsin Pharmacal lo introdujo finalmente en EEUU, en 1993, los expertos en salud pública lo recibieron como un verdadero factor de cambio. El condón, una funda de poliuretano a introducir en la vagina antes del coito, iba a proteger a las mujeres de posibles infecciones de transmisión sexual aunque sus parejas masculinas se negaran a utilizar preservativos.

Técnicamente, el condón femenino funciona. Se calcula que, utilizado correctamente, reduce el riesgo para la mujer de contraer el VIH entre un 94% y un 97% en cada intercambio sexual. Los estudios demuestran que la presencia del preservativo femenino junto a su versión masculina aumenta el porcentaje de relaciones sexuales seguras y reduce la prevalencia de infecciones de transmisión sexual. Y, aún así, dos décadas tras su aclamada presentación, el condón vaginal sigue sin hacer honor a su potencial. Lastrado por un modo de empleo menos intuitivo y familiar que el masculino, no llegó a despegar. Fue ridiculizado por los medios, ignorado por los médicos y rechazado por las mujeres, que lo encontraron antiestético y difícil de usar. A día de hoy, sólo el 1,6% de los condones distribuidos a nivel global son vaginales.

Pero el destino del preservativo femenino podría no estar sellado. Durante años, un puñado de investigadores, ingenieros y empresarios ha estado trasteando discretamente con el ingenio. Sus esfuerzos empiezan a dar fruto, y un amplio repertorio de condones vaginales rediseñados y reinventados comienza a abrirse paso en el mercado. La llegada de productos novedosos y de fácil manejo, unida a los renovados esfuerzos por promover la tecnología a nivel mundial, podría estar colocando finalmente al preservativo femenino en posición de provocar al fin un verdadero cambio.

2. Meseta

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