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19 de mayo de 2014

Basta de hablar de revolución tecnológica




Si hay una idea asociada con la tecnología que hay que desterrar es que estamos presenciando o que presenciaremos una revolución.

Ya se trate del grafeno, la impresión en 3D, la biología sintética, el gas de esquisto, los grandes datos (big data) o el bitcoin, cualquier descubrimiento, técnica o invento nuevo e importante invoca la palabra con "R". Es el caballito de batalla de los proveedores del bombo tecnológico.
La idea de una revolución no solamente se utiliza para impulsar una tecnología en particular. Por ejemplo, en respuesta al cambio climático, políticos como Nicolás Stern promueven una nueva revolución industrial con bajas emisiones de carbono.

Pero qué tecnologías se usarán y, fundamentalmente, cómo serán los procesos de toma de decisiones que las rodean, parece en gran medida irrelevante. El punto es que en una revolución está la salvación.

¿Pero es la revolución una manera adecuada de describir cómo se da el cambio tecnológico o cómo podría mejorar nuestras vidas? Y si no, ¿cómo debemos definir a estos procesos?

Es fácil comprender por qué aquellos que tienen un producto o una idea para vender o promocionar recurren a este lenguaje. Suena emocionante y progresista. Pero tiene menos sentido que los periodistas, los responsables de diseñar políticas y otras personas repitan esta frase propia de las relaciones públicas.

Los que están impacientes por ver el éxito de un nuevo elemento tecnológico podrían proclamar "Es el futuro, acéptalo", pero ¿qué pasa con el derecho a dudar, criticar o simplemente rechazar una tecnología? Nuestro futuro no está tan limitado. Abrir espacios para hacernos preguntas y ver otras opciones (o como el académico de política científica Andy Stirling dice: "pluralizar el progreso") nos podría beneficiar a todos.

Esperanza

La idea de una revolución tiende a exagerar el poder de las tecnologías para impulsar un cambio por sí solas sin las ayuda de otros actores o fuerzas.

bitcoin

La moneda virtual bitcoin, una de las "revoluciones" tecnológicas del momento.

El grafeno bien podría tener un impacto enorme en nuestra vida, pero no lo va a hacer por sí mismo y no va a resolver todos nuestros problemas. La impresión en 3D solo será una revolución del consumismo si se lo permitimos.

Los grandes datos ya están teniendo un impacto significativo en muchas vidas y es probable que eso continúe, pero ¿hasta qué punto, precisamente, sigue siendo tema de debate? Las revoluciones tecnológicas y científicas son también revoluciones de la sociedad, la economía y la cultura.

Diversos factores influyen enla forma en que una tecnología termina forjando nuestras vidas, desde las normas sociales imperantes hasta las estructuras de poder existentes en la sociedad. Es peligroso esconder esos contextos debajo de la alfombra.

También cabe recordar que la Revolución Industrial no fue precisamente gloriosa para todo el mundo. Las personas sufrieron, muchos se opusieron a ella y además tuvo diversas consecuencias a largo plazo no deseadas, como las emisiones de carbono.

Actualmente estamos a mitad del bicentenario de las revueltas de los luditas (1811-1817). Más conocidos por destruir telares de vapor automatizados, tal vez no sorprenda que la palabra ludita se emplee comúnmente hoy en día para denominar a alguien que se opone y que posiblemente les teme a los avances tecnológicos.

Pero el activismo ludita en realidad se centraba más en quién debía controlar la tecnología que en estar en contra de cualquier tecnología en sí misma. Para repetir una frase muy citada del ludita George Mellor: "Dejen las máquinas, pero dispárenles a los amos". Lo que también se olvida muchas veces es el esfuerzo por sofocar este movimiento. Según el proyecto bicentenario ludita, el cuerpo de Mellor y muchos otros fueron donados a la ciencia médica como parte de su castigo.


El término "Revolución Industrial", nació 12 años después.

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