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9 de marzo de 2014

¿Quiènes son los Iluminati?


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El secreto es que no hay secreto

Hoy en día, cuando surge una noticia de gran impacto en la sociedad, como puede ser un desastre natural o la muerte de una celebridad (en nuestra sociedad la muerte de las celebridades son eventos de gran impacto), a la par de los reportes sobre lo sucedido, se generan una serie de posts y videos que culpan a los Iluminati. Un ejemplo reciente es la muerte del actor Philip Seymour Hoffman, pero también la de Paul Walker —y la de cualquier celebridad que haya muerto en la última década (en el futuro todos tendremos 15 resultados en Google que nos vinculen con los Iluminati). Otros ejemplos son del orden del huracán Sandy, del huracán Katrina o del terremoto de Haití, etc. Siempre los mismos Iluminati que controlan al mundo con su tablero de tecnología tan avanzada que evoca la magia o un origen extraterrestre, y que realizan extraños rituales simbólicos, no del todo comprensibles —aunque generalmente con una cierta numerología satánica y con una agenda de control mental o distracción masiva.

Las muertes de las celebridades son vinculadas con los Iluminati sobre todo porque dentro de lo que podríamos llamar la “red conspiracional” se tiene la creencia de que Hollywood y la industria del entretenimiento, como los grandes “influenciadores” o programadores de nuestra sociedad, son un brazo propagandístico de los Iluminati (que inunda la psique colectiva de pseudo-occult-media).  Los análisis de los motivos ocultos, la simbología esotérica o masónica (supuestamente lo mismo que Iluminati) en los videos de cantantes de música pop, en los programas infantiles de Disney o en los blockbusters de Hollywood, son joyas de hermenéutica pop abigarrada, conspiranóica y de una penetración abstrusa. No hay duda de que los eternos símbolos del poder y la magia reaparecen en la iconografía moderna: el gran pastiche (y el gran fetiche) de las formas, las analogías y las correspondencias: del cuerpo hermético al cuerpo de Beyoncé (beyond this planet), del templo de Salomón al Superbowl. Por supuesto, hay un símbolo que se repite constantemente, el cual es el signo de la sociedad secreta que controla al mundo —ya se en el billete de un dolár, en diferentes catedrales, en caricaturas y por supuesto también en la britneyseñal de Jay-Z y otros lúdicos performers considerados ya imperios (que según la versión de sitios como Vigilant Citizen o foros como God Like Productions traicionaron el legado del Tupac, se aliaron a los Iluminati y a la CIA y vendieron su alma a cambio del kit de Mammon, de “perras, dinero, y fama”)—, es el signo del Ojo en la Pirámide, el Ojo que Todo lo Ve, el Ojo de Dios, el Ojo Pineal, el Sol Secreto, el Ojo de Horus… que es también, en palabras del sinvergüenza Aleister Crowley, el Ojo del Ano.

Este es el terreno de la conspiración Iluminati que, me parece, no puede tratarse sanamente sino con un poco de humor. Negar que el ser humano es propenso a la conspiración y que en la historia han existido numerosas conspiraciones con el fin de controlar secretamente el destino político de los hombres o incluso influir en la forma en la que piensan y se conducen me parece igualmente ridículo que creer fervientemente que nuestra vida, casi hasta su mínimo detalle, está controlada por una organización invisible, omnipotente y cuyo tejido es tan intrincado que se extiende por todo el mundo, pero sin jamás delatarse ni transparentarse… una organización que podría estar ligada a extraterrestres reptilianos con armas psicotrónicas, a una red de violadores satánicos y agencias de control mental que utilizan drogas psicoactivas para hacer que las personas compren gadgets, coman Cheez Whiz y tengan su glándula pineal calcificada. La descripción anterior mejor cabe en una narración de ciencia ficción —y es que las conspiraciones que entretenemos como consumidores de información tienen una fuerte herencia de la literatura de ciencia ficción (no es extraño que personajes como L. Ron Hubbard hayan sido novelistas de ciencia ficción antes de fundar religiones extraterrestres).

El Origen de los Iluminati

Un poco de contexto. La sociedad secreta de los Iluminati de Bavaria (no la sociedad memética de los Iluminati) fue fundada el 1° de mayo de 1776 por Adam Weishaupt, un profesor jesuíta, con fines sobre todo de revolución política, y fue prohibida en 1784. Esto al parecer habría sido el periodo de vida total de esta organización —ciertamente con nociones de conocimiento masónico y que podría haber contado en sus filas a ilustres pensadores… Hasta que el historiador masón John Robinson escribió Proofs of a Conspiracy against all the Religions and Governments of Europe, el cual acabaría sentando las bases para una versión de la realidad que suscribe una conspiración total (una primera edición que se agotó en apenas unos días). En este libro, Robinson, un respetado catedrático de la Universidad de Edimburgo, introdujo a la Europa de fin de siglo la conspiración más grande de la historia; según algunos críticos como Mike Jay, lo hizo simplemente acomodando la idea de que la revolución francesa y sus figuras habían sido parte de un juego secreto más amplio, peones de un orden invisible. Una idea que resultó muy popular en ese entonces y que sigue tocando una fibra profunda en cómo construimos nuestra noción de la realidad. Sobre el origen de la conspiración Iluminati puede leerse aquí un breve recuento.

Que los Iluminati hayan seguido existiendo por 250 años en la sombra, maquinando y manipulando, sin jamás salir a la superficie (salvo como una película de Angelina Jolie o algo así) resulta un tanto fantástico. En este sentido es relevante el libro que escribió Umberto Eco sobre la naturaleza fantasiosa de las conspiraciones relacionadas a las sociedades secretas, El Cementerio de Praga, libro que es una pieza más en el rompecabezas de la desinformación que representa la moderna teoría conspiratoria. En todo caso, siempre me ha parecido más plausible que de existir esta mítica sociedad secreta omniabarcante, utilice a los Iluminati y demás nombres popularmente conocidos como un señuelo —esto aún así resulta poco plausible (y sobre todo insondable)— y entonces estaríamos enfrente de un grupo no sólo camaleónico y de poder supremo, también capaz de reírse de sí mismo y del mundo (lo cual en mi libro les otorga miles de puntos más a favor).

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El Último Secreto de los Iluminati

Decía anteriormente que los Iluminati (o al menos su versión contemporánea) mejor debían de entenderse en un conexto de ciencia ficción (de ficción detectivesca como bien explotó Dan Brown.. o de farsa psicodélica). El gran referente y la figura insoslayable que debe de consultarse para entender la teoría conspiratoria moderna es el escritor Robert Anton Wilson, autor justamente del clásico Iluminatus! junto con Robert Shea. En esta novela, una de las mejores de la segunda parte del siglo XX, al menos en cuanto a disolver la barrera entre la realidad y la ficción y mostrar al mundo como un gran juego cósmico se refiere, Wilson traspone los papeles comúnmente establecidos y hace de los Iluminati una sociedad secreta que practica la magia, el sexo tántrico y la psicodelia en búsqueda de subvertir el orden y liberar la conciencia humana. Muy en el espíritu de la frase “Deberías de ver al mundo como una conspiración manejada por un grupo intrincadamente unido de personas casi omnipotentes, y deberías de pensar en esas personas como tú y tus amigos”. Una versión de los Iluminati, que a mí al menos me atrae más.

En una entrevista seminal para la historia de la especulación conspiracional, Robert Anton Wilson, reveló a Richard Metzger, cofundador de Disinfo, el secreto de los Iluminati:

Richard Metzger: Has estudiado a los Iluminati por años. ¿Has llegado a una conclusión sobre qué es lo que quieren?
Robert Anton Wilson: Usualmente cuando alguien me pregunta eso, los dejo en la incertidumbre con algún tipo de broma, pero no puedo pensar en nada original ahora. Así que, por una vez, te diré la verdad. Después de investigar a los Iluminati y a sus críticos por los últimos 30 años, creo que los Iluminati fueron una sociedad fugaz de librepensadores y reformistas democráticos que fundaron una sociedad secreta dentro de la francmasonería, usando a la francmasonería como fachada para destronar a los reyes y al Papa. Estoy feliz de que lograron destronar a los reyes, aunque me hubiera gustado que completaran su trabajo y se hubieran desecho de la familia real británica pero hicieron una buena labor en el continente. Igualmente me apena que no lograron deshacerse del Papa, pero creo que todavía se mantienen en su proyecto por lo que les deseo suerte.

El artìculo completo en:

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