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18 de octubre de 2013

Los bonobos aprenden a gestionar sus emociones como los niños humanos

Un bonobo abraza a otro tras perder una pelea en un santuario de Kinshasa.| Zanna Clay .

Un bonobo abraza a otro tras perder una pelea en un santuario de Kinshasa.| 

Durante años los sentimientos de los animales ha sido un tema tabú. Así lo cree el famoso primatólogo Frans de Waal, que durante décadas ha estudiado el comportamiento de nuestros parientes más próximos y ha encontrado sorprendentes similitudes con los seres humanos.

Su último estudio, publicado esta semana en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS) y realizado conjuntamente con Zanna Clay (que en la actualidad se encuentra realizando trabajo de campo en la República Democrática del Congo) muestra cómo los bonobos aprenden a gestionar sus emociones de una manera muy parecida a cómo lo hacen los niños humanos. De manera espontánea ofrecen consuelo a otros miembros de su grupo que se muestran alterados tras verse involucrados en una situación angustiosa o peligrosa.

El bonobo ('Pan paniscus') es uno de nuestros parientes más cercanos. Compartimos con ellos la mayor parte de nuestros genes (según reveló la secuenciación del genoma del bonobo, sólo un 1,3% de nuestros genes son distintos a los de bonobos y chimpancés). Además, se le considera un animal más tolerante y pacífico que otros grandes simios, como los chimpancés, mucho más proclives a un comportamiento violento. Además, los bonobos suelen mostrar empatía hacia otros miembros de su grupo, tanto si son parientes como si no lo son.

Por todo ello, los científicos subrayan que estos resultados sobre cómo manejan sus emociones son importantes para entender la historia evolutiva humana.

La vuelta a la calma tras un disgusto

Los primatólogos del Centro Nacional de Investigación de Primates Yerkes, en la Universidad de Emory, estudiaron tanto la forma en que los bonobos controlan sus propias emociones cuando se ven involucrados en una situación angustiosa o de peligro (por ejemplo, cuando son derrotados en una pelea) como su reacción cuando son otros miembros de su grupo los que se llevan un disgusto.

Según comprobaron, aquellos individuos que recobraban la calma rápidamente eran también los que mostraban más empatía hacia sus compañeros. Una empatía que transmitían intentando calmarlos a través del contacto físico, por ejemplo, abrazándolos y besándolos. Los primatólogos consideran dar consuelo ofrecer un contacto espontáneo.

El estudio fue realizado con animales del santuario Lola Ya Bonobo, cerca de Kinshasa, en la Republica Democrática del Congo. La mayoría de los bonobos que llegan allí son huérfanos de víctimas de los cazadores que los matan para conseguir su carne y son rehabilitados en el centro. Allí sus cuidadores humanos intentan suplir el papel de sus madres biológicas.

No obstante allí también han nacido y se alojan algunos bonobos con sus madres. Una combinación que ha permitido comparar los comportamientos de huérfanos y no huérfanos y ha revelado una de las conclusiones más destacadas de este trabajo. Aquellos que habían pasado su infancia con su madre recobraban antes la calma tras un disgusto y mostraban mayor empatía hacia otros que los bonobos huérfanos de cualquier edad.

El papel de la madre

En total los científicos grabaron en vídeo y estudiaron 373 situaciones posteriores a un evento en el que un total de 42 bonobos divididos en dos grupos (de 22 y 20 individuos respectivamente) mostraron angustia o aflicción entre mayo y agosto de 2012.

A la vista de estos resultados los científicos creen que el papel de la madre es crucial a la hora de gestionar las emociones y aprender habilidades sociales. "Cualquier similitud fundamental entre humanos y bonobos probablemente se remonta a su último ancestro común, que vivió hace alrededor de seis millones de años", explica Frans de Waal en una nota de prensa.

El primatólogo sostiene que los estudios sobre las emociones animales pueden aportar información valiosa sobre la sociedad humana: "Estudiando la expresión de la aflicción y la excitación en los grandes simios y la manera en la que la manejan, hemos sido capaces de confirmar que una gestión eficiente de nuestras emociones es una parte esencial de la empatía", añade.

Fuente:

El Mundo Ciencia

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