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25 de julio de 2013

La fauna de la playa (2): Marcar el territorio


Los primates deben dejar clara su posición en la jerarquía allá donde van. Las playas no son una excepción y también en estos contextos la demuestran. Los individuos más poderosos casi siempre se ubican en los barcos que anclan a la vista de todos. En algunas de las playas, es posible alquilar los mismos toldos fijos año tras año. En realidad, estos trozos de tela marcan un territorio cuyos límites coincide con la sombra que proyectan sobre la arena.

Existen playas para diferentes usos y segmentos sociales. Las peores suelen estar frecuentadas por los extranjeros o 'guiris' que desconocen la zona. Algunas son preferidas por los jóvenes para interaccionar entre ellos y practicar el cortejo. Otras, son colonizadas por familias de primates humanos al completo, las cuales instalan un sofisticado mobiliario y establecen una zona de fuego con el que cocinar. A estos últimos se les denomina popularmente domingueros.

El caso más interesante de estratificación social reflejada en la playa que conozco es el de las Playas 1 y 2 del Sardinero, en Santander. El nombre proviene de la posición social del tipo de personas que las frecuentaban. En la 1, las arenas son más finas y por tanto de más calidad. En ésta, la burguesía tomaba "baños de ola" tapados hasta las orejas desde mediados del s. XIX. En la 2, más popular, uno podía comerse un bocadillo sin ser mal visto por los allí presentes. Aún hoy existen reminiscencias de aquella división clasista en la capital cántabra.

Tampoco en las playas uno debe mostrar sus debilidades ni por asomo. Si el agua está helada y una hembra pregunta a un macho "¿cómo está el agua?", entonces éste debe afirmar: "¡está buenísima!" o "el Caribe no refresca".

Pero sobre la arena también se relajan y disfrutan. Se aplican cremas protectoras unos a otros, juegan y duermen. El grooming o acicalamiento es una actividad frecuente entre la fauna playera. Las parejas más estables se inspeccionan el cuerpo el uno al otro, preferiblemente la espalda, en busca de irregularidades de la piel y hacen explotar los granos que están en fase más avanzada.

Apareamientos nocturnos

Algo que intriga a científicos de medio mundo y permanecerá cubierto de un halo de misterio durante mucho tiempo es el por qué los primates humanos seguimos marcando los océanos con orina, cuando hace cientos de millones de años que salieron del agua. Debe tratarse de un reflejo inconsciente producto de nuestro pasado acuático.

Por las noches, el escenario es frecuentado por primates completamente diferentes. Al caer el sol, las playas se convierten en lugar de apareamiento y se llenan de primates humanos que demuestran su amor de manera abierta. Para los más trasnochadores y afectados por las consecuencias de la marcha nocturna, las arena también puede servir de nido improvisado hasta que sale el sol.

En este punto, puede que el lector tenga la percepción de que es en estos ambientes donde sale el lado más casposo del ser humano. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que las playas, al igual que los estadios de fútbol o las verbenas de los pueblos, son entornos en los que debido a su naturaleza pública, existe una continuidad con otros escenarios de la vida social de los primates humanos. La playa se ha convertido en un escenario más, donde queda reflejada la selva que todos llevamos dentro.

Fuente:

El Mundo Ciencia
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