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23 de mayo de 2013

Así regeneran su cuerpo las salamandras


Desde hace años, los investigadores ven en las salamandras el animal perfecto para encajar las piezas que faltan del puzzle de la medicina regenerativa. Además de la belleza de este anfibio, que puede ser de muy diversos colores, desde hace años nos asombra su capacidad de regeneración.

Las extremidades de las salamandras son pequeñas, y en su interior presentan un esqueleto óseo, músculos, ligamentos, nervios, tendones y vasos sanguíneos. Algo parecido, por otra parte, a lo que muestra cualquier ser humano.

Sin embargo, las salamandras gozan de una propiedad singular que hace única a esta especie: si una parte de su extremidad ha sido amputada, es capaz de regenerarla, es decir, vuelve a crecer desde el propio muñón. Un animal adulto es capaz de recuperar una extremidad anterior o posterior en caso de haberla perdido, y no importando la edad de la propia salamandra. ¿Qué es lo que facilita esta regeneración, aun en fase adulta?

Hasta ahora sabíamos que la reconstrucción de las extremidades se daba por epimorfosis, un proceso por el cual las células son capaces de regenerar la extremidad de manera completa o parcial, según se necesite. Tras la amputación, células endodérmicas recubren la herida entre 6 y 12 horas después. De este modo, se forma una especie de tapón cicatrizante, en el que las células existentes se desdiferencian, multiplicándose para ser capaces de reconstruir la extremidad. Una vez que existe suficiente número de células, se rediferencian, para así formar las nuevas estructuras de la extremidad.

Actualmente se conoce cómo funciona el proceso de regeneración, pero se sabe poco acerca de cuáles son las condiciones necesarias para que se produzca. Por ello, una investigación realizada por científicos australianos y publicada en la revista PNAS aporta nuevas claves para entender el proceso de regeneración de las salamandras.

En su estudio, los investigadores de la Monash University descubrieron que un tipo de células encargadas de la defensa del organismo, conocidas como macrófagos, son necesarias para la reconstrucción de la extremidad. Si en lo primeros instantes de la cicatrización del miembro, estas células no estaban presentes, la regeneración no ocurría, contrariamente a lo que se pensaba hasta el momento.

Según el científico James Godwin, responsable del estudio, ahora queda por determinar el papel que juegan estos macrófagos en la reconstrucción de la extremidad. Esto podría permitir, en un futuro, apoyarnos en el sistema inmune para desarrollar nuevas aplicaciones y técnicas relacionadas con la medicina regenerativa. Las salamandras aún a día de hoy pueden revelarnos muchos secretos interesantes, que quizás podamos utilizar en unos años.

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