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5 de diciembre de 2012

Cuatro puntos en los que la industria musical no volverá a ser igual



La industria musical ha cambiado rádicalmente en los últimos diez años. Si a finales de los 90 llegó a su punto álgido, vendiéndose más millones de discos que nunca, en los 2000 hemos vivido la etapa de la explosión de aquella burbuja y el inicio de una crisis que, si hacemos caso a los sellos, no cesa. Quizás, en el fondo, sólo sea una reconversión.

La música, la industria y el público han cambiado muchísimo en estos diez años, a veces de manera temporal y otras de manera estructural, para siempre. Por ejemplo, Napster fue un motor del cambio fundamental, pero ya sólo existe como residuo: lo que ha perdurado es el hábito que se creó con él. 

Hoy en Hipersónica aprovechamos para hablar de algunos puntos en los que la música no volverá a ser igual (¿o sí?)xq. Modo gurú on:

1. El (des)control de los mecanismos de marketing y promoción

A finales de los 90, y especialmente con el fenómeno de las boy band, las multinacionales discográficas llegaron al punto culminante del control de la maquinaria promocional. Sus tentáculos se extendían a todas las redes posibles y quedó demostrado que cuanto más dinero se invertía, mayor era la probabilidad de triunfar. No es una simple intuición: los informes industriales de esa época así lo demuestran.

10 años después, aquella estructura pensada para el hype y el control de resultados económicos ha saltado por los aires. Las discográficas aún no controlan los medios con los que los fans de hoy se relacionan con la música que escuchan: los influenciadores han cambiado, las arañas que tejen la red del éxito son muchas más y relacionarse con ellas es muy complicado, sobre todo cuando hay mucha menos gente para hacerlo por culpa de los despidos. Eso no quiere decir que no se siga tratando de controlar el mecanismo promocional, sólo que es mucho más difícil hacerlo.

2. La derrota frente a la cultura de compartir música

A estas alturas, que la industria no haya asumido que la cultura del intercambio de archivos llegó para quedarse es casi su mayor error. Siempre hemos compartido música, como demuestran las cintas de 90 que grabamos hace ya demasiado tiempo. Y la facilidad para hacerlo, que llevamos experimentado durante 10 años, obliga a pensar que no hay vuelta atrás.

Por si no quedara claro: la manera de compartir de hace 10 años, cuando todo esto estalló, no tiene nada que ver con la de ahora, y dentro de 3 años volverá a cambiar, pero quedará la cultura de hacerlo. Lo importante no es parar ese compartir, sino buscar la alternativa para mantener al oyente. Si no puedes controlar el destino final, controla el acceso; si a nadie le interesa comprar discos, vende accesos a música.
Pues sí, como decía el eslogan de la industria en los 80: Home Taping is Killing Music. 30 años después, las cintas de cassette han muerto y la música sigue viva.

3. La industria conseguirá ganar dinero de la evolución tecnológica

De todo el argumentario demagógico que maneja la industria, el de la hecatombe de ventas es el más falso. Es cierto que las ventas de discos han caído, aunque no siempre podemos traducir “tener menos beneficios” por “tener pérdidas”. Con la llegada del CD, a mediados de los 80, y su explosión posterior, en los 90, la industria musical se acostumbró a crecer a ritmo de dos cifras y hasta a crecimientos anuales del 100%.

Es obvio que esto ya no volverá a ser así, pero también es real que cada avance tecnológico ha causado primero crisis y luego gran capacidad de generar beneficios ecónomicos a la industria musical. No saber cómo hacerlo no implica que no se pueda hacer.

Por ejemplo, también hubo una grave crisis de venta de discos a finales de los 70, con el ocaso de la música Disco, pero de aquello se salió para vivir la mayor Edad de Oro de la industria discográfica. ¿No será el discurso derrotista el mayor obstáculo para empezar a ganar dinero de nuevo? Todo enfermo tiene que cambiar de hábitos; la industria discográfica es aún un fumador que, después de un infarto, se esconde en el baño a echarse un pitillo.

4. La revolución no ha llegado ni lo hará

Los pobres se mantienen pobres, los ricos seguirán siéndolo. En diez años de cambios industriales, hemos derribado pilares fundamentales de la industria, pero ahí siguen otros muchos. La facilidad del DIY, de grabar discos en casa, o la posibilidad de acceder a las herramientas de marketing para cualquiera con un ordenador ha atomizado el mercado, sí, pero no ha provocado la llegada de nuevos actores importantes a la industria. Los grandes sellos, transformados en grandes promotoras, son quienes siguen en la cúspide de la pirámide alimentaria discográfica. Ellos se comen los peces grandes y, claro, por culpa de contratos pasados, alguno de estos se les han atragantado.

Sí, hemos visto varias iniciativas para buscar distribución o amparo fuera de los grandes sellos, pero nada tan suficientemente grande como para extender la revolución. Hemos cambiado casi todo, pero Nirvana llegando al número 1 (desde una multinacional, ojo) fueron un terremoto mayor en la industria que cualquiera de nuestros grupos hechos famosos con marketing casero. El DIY facilita la rebaja de costes, pero el underground sigue estando bajo tierra y el mainstream aún lo inunda todo. Definitivamente, parece que la revolución no será internetizada

Fuente:

Hipersonica

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